Irán y la nueva geopolítica de Turquía Por Julio Burdman La suspensión del viaje a Argentina del primer ministro de Turquía, Tayyip Erdogan, encontró una explicación en el diferendo con la comunidad armenia y la cuestión del monumento a Ataturk, una situación que aún hoy permanece poco clara. Ya venía de suspender un viaje a Suecia en marzo, esgrimiendo razones similares. Pero más allá de estos argumentos, ambas decisiones se inscriben en una serie de señales que está dando un país que se está alejando de la hipótesis de la alianza occidental y fortalece su identidad geopolítica islámica y oriental. En este conjunto de señales podemos contar las tensiones con Washington y Bruselas por Kurdistán, el apoyo expreso dado por Turquía a los activistas pro-palestinos que desafían el bloqueo marítimo a Gaza, la ruptura diplomática con Tel Aviv tras el desastre de la flotilla y el fuerte respaldo que está brindando al programa nuclear de Irán. Al igual que Brasil, Turquía se opone a las sanciones de Naciones Unidas contra Irán y ambos países, que actualmente integran el Consejo de Seguridad, firmaron con Teherán un convenio de importación de combustible nuclear que implica una legitimación del argumento iraní acerca de los declamados fines pacíficos de su proyecto de desarrollo atómico. Ambos integran el Consejo de Seguridad. El giro Lo anterior sugiere que Turquía está girando más rápidamente de lo esperado hacia esa nueva posición. Las razones de ello, así como sus posibles repercusiones, son objeto de debate. Turquía, que hasta hace poco se contaba entre las naciones aliadas de Israel y Estados Unidos en el Gran Medio Oriente, viene acomodándose a un nuevo posicionamiento. Las relaciones con Israel se han ido enfriando en los últimos 18 meses, al mismo tiempo que los lazos de amistad y cooperación con Siria e Irán se fortalecían. Aunque el proceso se desarrollaba en forma gradual. En Turquía convive el espíritu secular del estado con una población mayoritariamente islámica y una opinión pública que en general rechaza las políticas exteriores de Israel y Estados Unidos. Los candidatos turcos deben expresar una combinación de ambos espíritus para ganar las elecciones. Ese equilibrio entre oriente y occidente en la coalición gobernante siempre mostró contradicciones, que formaban parte estable del paisaje político turco. Fue así que frente a las últimas elecciones iraníes, mientras que las máximas autoridades del gobierno felicitaban a Ahmadinejad por su victoria, otros miembros del partido gobernante se solidarizaban con la oposición y respaldaban sus denuncias de fraude. Estos contrastes, que deleitarían a los productores de Diego Gvirtz, eran vividos como algo normal ya que la complejidad política y cultural de Turquía es, también, uno de sus principales activos. Su interdependencia económica con los diferentes puntos cardinales la convierten en una de las sociedades y economías más interesantes de la actual era de la globalización, caracterizada por la emergencia de nuevas potencias regionales. No obstante, la balanza parece haber perdido su equilibrio, entre otras razones, por el reiterado fracaso de los intentos de la Turquía de Erdogan de incorporarse a la Unión Europea, que tienen hoy una perspectiva nada favorable habida cuenta de la fuerte crisis económica que hoy afecta al viejo continente. Occidente está perdiendo a Turquía y la dirigencia turca está más orientada a mejorar sus vínculos con sus amigos del oriente que a seguir jugando a una diplomacia europeizante que le resulta cada vez menos redituable.
Publicado en Buenos Aires Económico el 11 de junio de 2010
Realizado para Julio burdman
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